Historia clínica, no ficha de socio
Valoración inicial, contraindicaciones y evolución de cada persona, con el mismo expediente en la clase y en la sesión individual.
Clases con aforo, reserva de plaza, lista de espera automática y bonos que se descuentan al pasar lista — con la historia clínica, el RGPD y la facturación VeriFactu que un centro sanitario necesita y una app de reservas no tiene.
En un centro de clases, el trabajo invisible no son las sesiones: son los mensajes. «¿Queda sitio el jueves a las siete?», «cámbiame del martes al miércoles», «¿cuántas me quedan?». Con las plazas a la vista, esa conversación deja de existir.
Cada clase con su aforo. Cuando se llena, se ve llena: nadie reserva de más ni acaba de pie en una sala de seis.
Si alguien cancela, la plaza se ofrece sola y por orden. Las bajas llegan a las siete y media para la clase de las ocho, y ahí no llega nadie a mano.
La mayoría de las faltas son un despiste. Un aviso a tiempo lo convierte en una cancelación con margen, que es una plaza recuperable.
Casi nadie paga clase a clase: se venden bonos, y a partir de ahí el centro deja de manejar dinero para manejar saldos. Que ese saldo lo lleve el software y no una libreta es la diferencia entre cuadrar la caja y discutirla.
El alumno ve cuántas clases le quedan sin preguntar, y tú dejas de resolverlo en el mostrador.
El bono vence cuando tú decidas, y el sistema avisa antes para que se use. Ni pasivo eterno ni discusión el día que vence.
Un bono de suelo pélvico no se gasta en máquina si no quieres: cada bono con las clases en las que sirve.
Parece un trámite y es el punto de control de todo. En treinta segundos, desde la tablet de la sala, quedan resueltas cuatro cosas: quién vino, a quién se le descuenta sesión, quién faltó sin avisar y qué plaza queda libre.
Sin abrir la ficha de cada uno ni apuntar nada aparte.
Se descuenta o se perdona, con la ventana de cancelación que hayas fijado. Lo decides una vez, no clase a clase.
Lo que deja libre una baja de última hora vuelve al circuito en vez de quedarse vacío.
Un estudio no se dirige por facturación, se dirige por ocupación. Con la parrilla en el software, el horario del trimestre siguiente se decide con datos y no con la sensación de que el martes por la tarde «va flojo».
Qué horas llenan, cuáles no y desde cuándo. Casi siempre sorprende.
Si sube, o la regla de cancelación no se aplica o los recordatorios no llegan.
Ingresos ya cobrados con servicio pendiente, y la lista de a quién avisar esta semana.
Si en tu sala se hace pilates terapéutico, suelo pélvico o readaptación después de una lesión, hay valoración, contraindicaciones y evolución. Eso es historia clínica, y arrastra obligaciones que un gestor de reservas no cubre.
Valoración inicial, contraindicaciones y evolución de cada persona, con el mismo expediente en la clase y en la sesión individual.
Consentimientos firmados, trazabilidad de quién abre cada historia y copias de seguridad, como exige el RGPD en un centro sanitario.
VeriFactu o TicketBai según el territorio, con la misma numeración y los mismos cierres que el resto de la actividad del centro.
La clase del martes y la sesión de fisioterapia del jueves, con el mismo alumno y, si quieres, el mismo bono.
Aforo, lista de espera, bonos que caducan y ausencias sin avisar, una por una.
Leer más GestiónPor qué falla la gente, qué recordatorios funcionan y cómo se escribe una regla de cancelación.
Leer más Elegir softwareQué significa de verdad «gratis», sus límites y el riesgo con los datos de salud.
Leer másSí, siempre que gestione clases con aforo y no solo citas individuales. Lo que hace falta es que una misma franja admita varias plazas, que haya lista de espera y que el bono se descuente al pasar lista. Y si en el centro se hace pilates terapéutico o suelo pélvico, un software sanitario aporta lo que una app de reservas no tiene: historia clínica, consentimientos y facturación legal.
Cada clase lleva su número máximo de plazas y el sistema lo hace cumplir: al llegar al tope se muestra completa y las solicitudes nuevas entran en lista de espera en vez de sobrepasar la sala. El aforo lo fijas tú por tipo de clase —los reformers que tengas, el criterio clínico en un grupo terapéutico— y puede ser distinto en cada una.
Sí, y es automática. Quien no encuentra plaza entra en espera, y en cuanto alguien cancela se le ofrece el sitio por orden, sin que nadie del equipo tenga que verlo y escribir. Es la función que más se nota: una plaza vacía en una clase de seis no cuesta una sexta parte del ingreso, cuesta el margen entero de esa hora.
Sí. Cada bono lleva su número de sesiones, las clases en las que es válido y su fecha de caducidad, y el sistema avisa antes de que venza para que dé tiempo a usarlo. El saldo se actualiza al marcar la asistencia, así que el alumno siempre ve cuántas clases le quedan.
Lo que tú hayas decidido, aplicado solo. Lo habitual es una ventana de cancelación: quien avisa con la antelación acordada recupera la sesión en su bono y quien no avisa la pierde. Lo importante es que la regla esté publicada y no se decida caso por caso, que es donde se va la energía y donde aparecen los agravios.
Depende de cómo cobre. Si trabaja con clases dirigidas, bonos y reserva de plaza —y más aún si tiene servicio de fisioterapia o nutrición—, encaja. Si su modelo es la cuota mensual domiciliada con acceso libre a sala, lo que necesita es un software de gimnasios con control de accesos y remesas bancarias: eso no lo hacemos, y preferimos decirlo antes que después.
El que entienda que tu unidad de trabajo es la plaza y no la cita. Antes de comparar precios, comprueba tres cosas: que cada clase tenga aforo propio, que la lista de espera cubra sola las cancelaciones y que el bono se descuente al pasar lista. Si además en tu sala se trata —suelo pélvico, readaptación—, añade una cuarta: historia clínica y facturación VeriFactu de verdad, no un campo de notas.
Las dos cosas, en la misma plataforma. Por el lado CRM están los alumnos, sus bonos, los recordatorios y la reserva online; por el lado ERP, la facturación legal, los gastos, el control horario del equipo y las estadísticas de ocupación. La diferencia es que aquí no hay que integrar dos programas para que la clase del martes acabe en una factura correcta.
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