La consulta preanestésica es el filtro que separa una intervención programada sin sorpresas de una suspensión en la puerta del quirófano. En pocos minutos, el anestesista tiene que estimar el riesgo, prever la vía aérea, revisar la medicación y dejarle al paciente unas instrucciones que entienda. Y casi todo se repite de un paciente a otro: las mismas escalas, las mismas preguntas, las mismas dudas sobre cuándo dejar de comer o de tomar un fármaco.
Este artículo repasa qué se valora, qué escalas se usan y cómo registrarlo para que el resultado llegue a quien lo necesita: al equipo del quirófano y al paciente.
Para qué sirve la consulta preanestésica
La valoración preanestésica tiene cuatro objetivos: conocer el estado de salud del paciente y estimar el riesgo de la anestesia y de la cirugía; planificar la técnica anestésica; optimizar lo que se pueda antes de la intervención —una tensión mal controlada, una glucemia, una anemia—, e informar al paciente y recoger su consentimiento.
Forma parte de la historia clínica, con las mismas obligaciones de confidencialidad y conservación que cualquier otro documento clínico.
Las escalas que se repiten
- ASA (I a VI): el estado físico general, del paciente sano (I) al donante en muerte cerebral (VI). La «E» marca la urgencia.
- Capacidad funcional en METs: no llegar a 4 METs —subir dos pisos de escaleras sin parar— se asocia a más riesgo perioperatorio.
- STOP-Bang (0 a 8): cribado de apnea obstructiva del sueño. De 0 a 2, riesgo bajo; 3 o 4, intermedio; 5 o más, alto.
- Índice de Lee o RCRI (0 a 6): riesgo cardiaco en cirugía no cardiaca. Suma cirugía de alto riesgo, cardiopatía isquémica, insuficiencia cardiaca, enfermedad cerebrovascular, diabetes con insulina y creatinina por encima de 2 mg/dl.
- IMC: la obesidad pesa en la vía aérea y en el propio STOP-Bang.
Ninguna escala decide por sí sola, pero tenerlas calculadas y a la vista ahorra tiempo y evita errores de suma. STOP-Bang y Lee, en particular, son sumas de criterios que se prestan a calcularse solas mientras se rellena el formulario.
La vía aérea
La previsión de una vía aérea difícil combina varios signos. Ninguno es fiable por separado; juntos orientan:
- Mallampati (I a IV): lo que se ve de la úvula y del paladar con la boca abierta y la lengua fuera.
- Distancia tiromentoniana: por debajo de unos 6 cm se asocia a una laringoscopia difícil.
- Apertura bucal: menos de unos 3 cm complica la intubación.
- Movilidad cervical y dentición: cuello rígido, incisivos prominentes, prótesis o piezas que se mueven.
Si los hallazgos apuntan a una vía aérea difícil, lo importante es que el aviso viaje con el paciente: que lo vea quien lo recibe el día de la intervención, no solo quien hizo la consulta.
Un aviso de vía aérea difícil que se queda en el papel de la consulta no sirve de nada en el quirófano.
Medicación y ayuno: fechas, no plazos
La medicación es la parte con más margen de error, y no por la decisión clínica sino por la logística. «Suspender cinco días antes» obliga al paciente a contar días hacia atrás, y es fácil equivocarse por uno.
La pauta de cada fármaco —anticoagulantes, antiagregantes, antidiabéticos, antihipertensivos— la decide el anestesista según el protocolo de su centro y el riesgo de cada paciente. Lo que sí conviene es traducirla a una fecha concreta: «última toma, el miércoles 8 de octubre».
Con el ayuno pasa lo mismo. En el adulto sano, las guías suelen fijar unas 6 horas para una comida ligera, 8 para una comida copiosa o grasa y 2 para los líquidos claros. Pero al paciente le sirve más «sólidos hasta las 02:30, agua hasta las 06:30» que «seis horas antes».
El resultado de la valoración
La valoración acaba en una conclusión que el resto del equipo tiene que entender sin leer la historia entera. Un esquema habitual:
- Apta.
- Apta con condiciones: con una indicación concreta o algo que optimizar antes.
- Pendiente: falta una prueba o un informe.
- No apta, por ahora.
Y una validez. Cada centro fija cuánto tiempo vale una valoración si el estado de salud del paciente no cambia. Dejarla anotada evita repetir consultas o, al revés, operar con una valoración caducada.
Las instrucciones al paciente
Las instrucciones al paciente son otro documento, distinto de la valoración: lenguaje llano, sin diagnósticos ni escalas, y por escrito. Qué hacer con cada medicamento, hasta qué hora puede comer y beber —con fechas y horas— y a quién llamar si tiene dudas.
El consentimiento de la anestesia, como el de la cirugía, va por escrito: la Ley 41/2002 lo exige en las intervenciones quirúrgicas y en los procedimientos invasivos. Lo contamos en consentimiento informado digital.
La consulta preanestésica en byclinics
El Panel de Anestesia de byclinics recoge la consulta preanestésica en la ficha del paciente: ASA, METs, STOP-Bang, índice de Lee e IMC calculados; la vía aérea con los dibujos de Mallampati; la medicación con la fecha de la última toma, calculada desde el día de la intervención según las pautas que guarda tu propia clínica; el ayuno con horas, y la conclusión con su validez. Las instrucciones le llegan al paciente por correo y en su área privada, y el consentimiento se firma en la tablet. El día del procedimiento, la hoja de sedación arranca con esa valoración a la vista: el ayuno se contrasta con lo que pedía y las alergias salen arriba.
Preguntas frecuentes
Es la clasificación del estado físico de la American Society of Anesthesiologists: de I (paciente sano) a VI (donante en muerte cerebral), con una «E» añadida en las urgencias. Describe el estado general del paciente, no el riesgo de una cirugía concreta.
En el adulto sano, las guías suelen fijar unas 6 horas para una comida ligera, 8 para una comida copiosa o grasa y 2 para los líquidos claros. Las indicaciones exactas dependen del protocolo de cada centro y del paciente: manda siempre la del anestesista.
Depende del protocolo de cada centro. Mientras el estado de salud del paciente no cambie, se suele dar por válida durante unos meses; si cambia, hay que revisarla.
Sí, y por escrito. La Ley 41/2002 exige el consentimiento escrito en las intervenciones quirúrgicas y en los procedimientos invasivos, y la anestesia tiene riesgos propios que hay que explicar.
Aviso: este artículo es divulgativo. No sustituye las guías de la SEDAR ni los protocolos de tu centro: las escalas, los plazos de ayuno y las pautas de medicación los decide en cada caso el anestesista.